En una nueva era en la que todo se mueve a golpe de Gigabytes dejando atrás aquellos bits de los 80, es más que evidente el cambio generacional, la velocidad de comunicación por no decir el de reacción del mercado empujando y no poco a las empresas a integrar nuevos y modernos procesos digitales.

Algunas empresas, a estas alturas, aún se plantean si deben progresar digitalizándose o quedarse estancadas sin integrar tecnologías. ¿Recuerdan cuándo se introdujo el euro y se escuchaba a algunas personas decir “yo seguiré pensando y trabajando en pesetas”? En aquel momento, se podía entender; ahora está claro que ese planteamiento no era factible. Lo mismo que con la digitalización y la transformación digital. No queda otra: Digitalizarse o Morir.

Y surge ahora la pregunta, y esto, ¿cómo lo hago? Cualquier cambio que se produzca en cualquier organización hay que hacerlo reduciendo al máximo los riesgos que eso conlleva. Y aquí es donde entra el buscar a un buen compañero de viaje.

Evidentemente, el mercado está lleno de empresas que, a priori, podrían dar este servicio, por lo que tendremos que fijarnos en algunos detalles que nos ayuden a realizar una buena elección.

Nuestro compañero de viaje tiene que:

Tener experiencia contrastada en implementar las tareas que necesitemos llevar a cabo en la empresa.
Ser capaz de analizar el proyecto y proponer, añadir, enfocar, priorizar y secuenciar todos los pasos necesarios para que el proyecto llegue a buen fin.
Involucrarse al máximo en el proyecto, participando activamente, junto con la empresa, para conseguir las mejores opciones posibles que beneficien a la empresa y a sus clientes.

Vamos a ejemplarizar estos conceptos con el caso de Juan:

Juan tiene un pequeño negocio de reparto de agua a domicilio. En su día a día, Juan se enfrenta a varias situaciones que están repercutiendo negativamente en el mantenimiento y desarrollo de su negocio.

Muchas veces Juan, cuando va a casa de los clientes, no encuentra a nadie a quien dejarle el agua.
En el caso de que haya algún vecino que la recoja, normalmente, ese vecino no le paga, por lo que Juan tiene que financiar a sus clientes, con el riesgo que esto conlleva.
Los cobros se realizan casi sin querer, cuando Juan se encuentra en algún momento con sus clientes. Esto impide a Juan llevar una buena planificación de los flujos de caja.
Y, normalmente, la comunicación se realiza mediante notas que se dejan en algún lugar esperando que Juan las encuentre.

¿Qué se podría hacer para eliminar todos estos problemas a Juan y ayudarle a mejorar su actividad, a la vez que reducir los riesgos? Pues usar la tecnología que todos llevamos en la mano de forma continua.

Nuestra propuesta sería el realizar una aplicación que permitiera a Juan:

Comunicarse con sus clientes de una forma fácil y segura sin notas dejadas en cualquier sitio.
Facilitarles a los clientes el realizar sus pedidos, en la cantidad deseada en cada momento.
Al tener previamente los pedidos en su poder, Juan podrá organizar mejor el reparto, cargando en el camión la cantidad necesaria para atender a sus clientes cada día.
Notificar a los clientes el momento en el que se hace la entrega de la mercancía solicitada
Facilitar el cobro a Juan y el pago a los clientes, mediante esta misma aplicación, si así Juan lo quisiera, o bien, concretar día y hora en la que Juan se pasaría por la dirección indicada para realizar el cobro por toda la mercancía entregada.

Como se puede ver, con este nuevo sistema ganan todas las partes: Juan gestiona mejor su stock, sus entregas y sus cobros, y los clientes, pueden ajustar sus pedidos a su necesidad, a la vez que tienen facilidades para pagar sus compras.

Se reducen, por tanto, los errores, las demoras en las entregas y los impagados, a la vez que se aumenta la satisfacción de los clientes

El cambio ya llegó y no nos podemos quedar atrás. Contacta con nosotros y analizaremos tu caso sin compromiso.